Los dioses son entidades sobrenaturales que existen gracias a los deseos y creencias de la humanidad. Cada uno nace con un propósito específico (ya sea la fortuna, la guerra, la calamidad o la protección) y su existencia está ligada a la fe de las personas. Mientras alguien los recuerde, pueden seguir existiendo a lo largo del tiempo.
Su principal función es conceder deseos a cambio de ofrendas, pero también mantener el equilibrio enfrentando amenazas que surgen del propio mundo espiritual. Aunque pueden parecer humanos, su apariencia varía según su naturaleza, edad y origen, e incluso algunos poseen formas alternas que reflejan su verdadero poder.
Para combatir entidades oscuras, los dioses dependen de los shinki, espíritus a los que otorgan un nuevo nombre y propósito. Sin embargo, este vínculo implica una carga: las acciones y emociones de sus shinki afectan directamente al dios, pudiendo causarle dolor e incluso poner en riesgo su existencia.
A pesar de su poder, los dioses no son invulnerables. Su destino está ligado a la fe, a sus decisiones y a los lazos que forman. En un mundo donde lo humano y lo divino se entrelazan, su existencia es tan frágil como eterna.